
Las Ciencias de la Vida son uno de los ámbitos donde la conexión entre investigación e innovación resulta más evidente. Nuevas soluciones biotecnológicas, herramientas de diagnóstico, tecnologías aplicadas a la salud, nuevos alimentos o procesos más sostenibles tienen, en muchos casos, su origen en años de investigación científica.
Sin embargo, generar conocimiento es solo el principio.
Uno de los grandes desafíos de cualquier ecosistema innovador es conseguir que ese conocimiento avance más allá del laboratorio y pueda transformarse en productos, servicios, nuevas empresas y soluciones capaces de generar impacto en la sociedad y en la economía.
¿Cómo podemos facilitar ese recorrido?
1. Identificar oportunidades desde las primeras etapas
No todo resultado de investigación está preparado para convertirse en un producto o servicio, pero muchos desarrollos pueden tener aplicaciones que inicialmente no resultan evidentes.
Por ello, uno de los primeros pasos consiste en identificar tecnologías y conocimientos con potencial de transferencia y analizar qué necesidades pueden resolver.
Para hacerlo es necesario combinar la visión científica con una perspectiva empresarial: entender el mercado, conocer las necesidades de los usuarios y determinar dónde puede aportar valor una determinada tecnología.
Cuanto antes se produzca este análisis, mayores serán las posibilidades de orientar correctamente el desarrollo.
2. Conectar ciencia y empresa
La transferencia de conocimiento no puede entenderse como un proceso exclusivamente académico ni exclusivamente empresarial.
Universidades, centros de investigación y centros tecnológicos generan conocimiento y capacidades especializadas. Las empresas, por su parte, conocen las necesidades del mercado, los procesos productivos y las dificultades asociadas a convertir una tecnología en una solución comercial.
Conectar ambos mundos permite identificar oportunidades y desarrollar proyectos de mayor impacto.
Proyectos colaborativos de I+D, licencias tecnológicas, contratos de investigación o la creación de spin-offs son algunas de las vías que permiten transformar esa colaboración en innovación.
3. Proteger y valorizar el conocimiento
Cuando una investigación genera una tecnología con potencial, es necesario estudiar cómo protegerla y cuál puede ser la mejor vía para llevarla al mercado.
La propiedad intelectual, las patentes, las licencias o el know-how pueden desempeñar un papel fundamental en este proceso.
Pero proteger una tecnología no es suficiente.
También es necesario valorizarla: analizar sus posibles aplicaciones, identificar mercados, estudiar su viabilidad y definir qué modelo puede permitir avanzar hacia su explotación.
Esta fase es fundamental para convertir un resultado científico en una oportunidad real de innovación.
4. Superar el “valle de la muerte” de la innovación
Entre una investigación prometedora y una tecnología preparada para el mercado existe una etapa especialmente compleja.
Los proyectos necesitan avanzar en su validación, demostrar resultados, desarrollar prototipos, realizar pruebas y, en determinados ámbitos, superar requisitos regulatorios antes de poder llegar a clientes o atraer inversión.
Este periodo suele conocerse como el “valle de la muerte” de la innovación.
En las Ciencias de la Vida puede resultar especialmente relevante debido a los tiempos y recursos necesarios para desarrollar determinadas tecnologías.
Disponer de financiación, infraestructuras y programas de apoyo adaptados a estas etapas resulta esencial para evitar que proyectos con potencial se detengan antes de alcanzar el mercado.
5. Pensar en la aplicación real
Una tecnología innovadora no genera impacto simplemente porque funcione.
También debe responder a una necesidad.
Por eso es importante incorporar desde las primeras fases preguntas aparentemente sencillas: ¿quién utilizará esta solución?, ¿qué problema resuelve?, ¿qué alternativas existen?, ¿qué requisitos deberá cumplir?, ¿cómo llegará al mercado?
Pensar en la aplicación real ayuda a orientar el desarrollo tecnológico y permite detectar con antelación posibles barreras comerciales, industriales o regulatorias.
El objetivo final de la transferencia no es únicamente desarrollar tecnología, sino conseguir que el conocimiento se convierta en soluciones que puedan ser utilizadas.
Una oportunidad para el ecosistema asturiano
Asturias cuenta con importantes capacidades científicas, tecnológicas y empresariales vinculadas a las Ciencias de la Vida.
Universidades, centros de investigación, hospitales, centros tecnológicos, empresas y startups generan conocimiento y desarrollan soluciones en ámbitos muy diversos.
El reto consiste en conseguir que todas estas capacidades estén cada vez más conectadas.
Facilitar la relación entre investigación y empresa, mejorar el acceso a financiación, favorecer la creación de proyectos colaborativos y acompañar el desarrollo de nuevas tecnologías son elementos fundamentales para incrementar la capacidad de innovación del ecosistema regional.
De generar conocimiento a generar impacto
La transferencia de conocimiento no es un único paso. Es un recorrido que conecta investigación, protección, validación, financiación, desarrollo, escalado y mercado.
Fortalecer cada uno de estos eslabones permitirá aprovechar mejor el conocimiento y el talento existentes en Asturias y aumentar la capacidad del territorio para generar nuevas empresas, productos y servicios innovadores.
Este será también uno de los ámbitos de reflexión dentro del I Plan Estratégico del sector de las Ciencias de la Vida en Asturias, impulsado por Bioasturias en colaboración con el Principado de Asturias a través de la Agencia Sekuens.
El proceso permitirá conocer las necesidades de los distintos agentes, identificar barreras y explorar nuevas oportunidades para mejorar la conexión entre ciencia, innovación y tejido empresarial.
Porque el reto no es únicamente generar más conocimiento.
El verdadero desafío es conseguir que ese conocimiento pueda avanzar, encontrar oportunidades y convertirse en innovación con impacto real.
Desde Bioasturias seguiremos trabajando para favorecer las conexiones entre los diferentes agentes del ecosistema y contribuir a que las capacidades científicas y tecnológicas de Asturias puedan transformarse en nuevas oportunidades para el territorio.
