
Construir un ecosistema sólido de Ciencias de la Vida requiere tiempo. La investigación, la creación de empresas, la atracción de inversión, la generación de talento y la conexión entre el ámbito científico y empresarial no se producen de manera inmediata.
Sin embargo, la experiencia de otros territorios demuestra que existen determinadas condiciones que pueden acelerar este proceso. En España, comunidades como Cataluña o la Comunitat Valenciana han desarrollado durante las últimas décadas estructuras de apoyo y colaboración que han contribuido a consolidar sus ecosistemas de biotecnología y Ciencias de la Vida.
Para Asturias, que se encuentra actualmente en un momento clave de definición de su estrategia de futuro, conocer estas experiencias puede aportar algunas claves interesantes.
Cataluña: construir una BioRegión con visión de largo plazo
El caso de Cataluña es probablemente uno de los ejemplos más consolidados de España. Biocat, organización impulsora del ecosistema de Ciencias de la Vida y la Salud de Cataluña, nació en 2006 con una clara vocación de conectar agentes públicos y privados y contribuir a posicionar la BioRegión como referente internacional.
Dos décadas después, el ecosistema catalán ha experimentado un crecimiento significativo. Entre 2006 y 2026 ha duplicado su tamaño, facturación y empleo, mientras que el número de spin-offs se ha multiplicado por diez. Además, Cataluña mantiene una fuerte capacidad para atraer inversión y proyectos internacionales.
Los datos más recientes reflejan esta evolución: la BioRegión cuenta actualmente con 1.650 empresas y 94 instituciones de investigación, y en 2025 las startups y scaleups de salud captaron 517 millones de euros de inversión.
Pero más allá de las cifras, hay un elemento especialmente relevante: la existencia de una estrategia de ecosistema basada en el conocimiento, la conexión entre agentes y la generación sistemática de información sobre el sector.
Biocat publica desde 2009 el Informe de la BioRegión, que permite conocer la evolución de empresas, inversión, talento, investigación, emprendimiento o actividad clínica. Esta capacidad para medir el ecosistema facilita también la identificación de prioridades y la toma de decisiones.
Comunitat Valenciana: conectar y representar al sector
Otro ejemplo interesante es el de BIOVAL, el clúster BIO de la Comunitat Valenciana. Creado en 2006, nació con el objetivo de dinamizar un sector que integra ámbitos tan diversos como la biomedicina, la agrobiotecnología, la biotecnología alimentaria, ambiental, marina e industrial.
Actualmente, BIOVAL actúa como punto de conexión entre empresas, institutos tecnológicos, centros de investigación, universidades y otras entidades, con una red que supera el centenar de asociados. Entre sus líneas de trabajo se encuentran la generación de sinergias, la transferencia de conocimiento, el emprendimiento, la innovación y el posicionamiento nacional e internacional.
Su evolución muestra también la importancia de representar al sector de forma conjunta y generar conocimiento sobre su dimensión económica. El último informe elaborado por BIOVAL analiza 317 empresas del ecosistema biotecnológico valenciano y estima que las empresas biotecnológicas y relacionadas con la biotecnología generaron cerca de 4.953 millones de euros en 2023.
¿Qué podemos aprender de estas experiencias?
Aunque cada territorio tiene unas características y unas capacidades diferentes, la experiencia de estos ecosistemas permite identificar algunas claves que pueden resultar especialmente relevantes para Asturias.
1. Una estrategia compartida necesita continuidad
Los ecosistemas no se construyen con iniciativas aisladas. Cataluña y la Comunitat Valenciana llevan alrededor de dos décadas desarrollando estructuras de colaboración y apoyo al sector.
La primera lección es, por tanto, la importancia de mantener una visión de largo plazo, con objetivos claros y capacidad para adaptar las actuaciones a la evolución del sector.
2. Conectar agentes es tan importante como generar conocimiento
Universidades, centros de investigación, empresas, hospitales, inversores y administraciones tienen capacidades diferentes. El valor de un ecosistema aparece cuando esas capacidades se conectan.
Los clústeres pueden desempeñar aquí un papel fundamental como espacios de encuentro, facilitando proyectos colaborativos, transferencia de conocimiento, nuevas alianzas y oportunidades de negocio.
3. Medir el ecosistema permite tomar mejores decisiones
Conocer cuántas empresas existen, en qué ámbitos trabajan, qué empleo generan, qué inversión atraen o qué proyectos desarrollan permite identificar fortalezas y necesidades.
Los informes periódicos de ecosistemas como la BioRegión catalana o BIOVAL muestran la utilidad de disponer de datos actualizados para orientar las políticas y las estrategias de desarrollo.
4. La internacionalización debe formar parte de la estrategia
Un ecosistema competitivo no puede limitarse a su ámbito territorial. La participación en redes internacionales, la captación de inversión extranjera, los proyectos europeos y la colaboración con otros hubs permiten acceder a conocimiento, financiación, talento y nuevos mercados.
La experiencia catalana demuestra hasta qué punto la capacidad de conexión internacional puede convertirse en un factor de crecimiento. En 2025, el 82% de las operaciones de inversión en startups y scaleups de salud catalanas contaron con participación de inversores internacionales.
5. El tamaño no lo es todo
Asturias no necesita convertirse en Cataluña ni replicar exactamente el modelo valenciano. Sus dimensiones, especialización productiva y capacidades científicas son diferentes.
La oportunidad está precisamente en identificar aquellos ámbitos en los que Asturias puede desarrollar una especialización propia, aprovechando sus fortalezas y conectándolas con las necesidades de un mercado cada vez más global.
Una oportunidad para Asturias
El análisis de otros ecosistemas no debe plantearse como una competición, sino como una fuente de aprendizaje.
Asturias dispone de empresas, centros de investigación, universidades, centros tecnológicos y profesionales con capacidades relevantes en diferentes ámbitos de las Ciencias de la Vida. El reto consiste ahora en conectar mejor esos activos, identificar oportunidades y establecer prioridades que permitan avanzar de forma coordinada.
En este contexto se enmarca la elaboración del I Plan Estratégico del sector de las Ciencias de la Vida en Asturias, impulsado por BIOASTURIAS en colaboración con el Principado de Asturias a través de la Agencia Sekuens.
El proceso representa una oportunidad para analizar dónde se encuentra actualmente el ecosistema asturiano, qué fortalezas debe potenciar, qué barreras es necesario superar y qué papel puede desempeñar cada uno de sus agentes.
Las experiencias de otros territorios demuestran que construir un ecosistema competitivo requiere visión, colaboración y continuidad. Asturias tiene ahora la oportunidad de definir su propio camino.
El objetivo no es copiar modelos, sino aprender de ellos para construir una estrategia propia, adaptada a las capacidades y oportunidades de Asturias.
